David Bowie logró con 'The man who sold the world' (1970) uno de esos maravillosos discos que todavía se pueden disfrutar de la primer etapa de este gran artista del rock-pop. Como ya he apuntado en anteriores ocasiones, refiriéndome a otros discos de esa primera etapa del músico y compositor británico, la calidad de esta grabación es absolutamente ejemplar. Hay que tener en cuenta que no se disponían (y mucho menos aun en el año 1970) de los medios técnicos de los que se dispone hoy en día. A pesar de las circunstancias, supongo que el tiempo empleado se medía de diferente manera; lo cual bien pudo motivar que los encargados de manejar las mesas de mezcla y demás componentes (ingenieros de sonido, productores, etc.) se centrasen más en cuidar todo el sonido en conjunto de esas ya míticas grabaciones en los estudios.
Sea como fuere, la enorme calidad técnica ha quedado magistralmente reflejada a la hora de escuchar este maravilloso tercer disco que el 4 de noviembre de 1970 publicó David Bowie; 'The man who sold the world' (1970) Y es que a mi parecer, este punto de calidad/profesionalidad en todos los apartados ligados a la grabación en el estudio, es un apartado de gran relevancia a la hora de definir la valoración del álbum.
A pesar de que ciertos sectores de la crítica lo catalogan como un álbum de hard-rock, bajo mi punto de vista/oído, el estilo musical se desarrolla en la línea de un rock progresivo, a la vez que cargado de un modernista ambiente sonoro vivaz y atrayente, que lo convierte en ese glam-rock tan característico de esta primera etapa de David Bowie. Al menos considero que la puntual utilización de ese instrumento electrónico ya mítico, como era el sintetizador modular Moog, añade ese aliciente musical tan requerido en mis gustos y placeres musicales.
Es un delicia poder disfrutar al máximo de la escucha atenta de todos y cada uno de los instrumentos que conforman las canciones del disco. Parece como que cada instrumento tiene protagonismo propio; como que cada uno imprime una línea melódica singular y muy emocionante. A mí es que me maravilla escuchar el disco en toda su extensión. Siempre le he dado más importancia a la parte musical que a las letras (que no a las voces, lógicamente) por lo que mis sentidos se centran con denotado interés en digerir adecuadamente toda la sección instrumental y los detalles sonoros grabados en cada disco.
Los instrumentos que más destacaría, eso sí, con poca diferencia sobre el resto, son: el bajo, la batería, las guitarras y el adorado piano.
Pasando directamente al listado de las canciones que más me gustan de este disco; indicar que es una lástima el no poder asociar a ninguna de ellas momentos, digamos, especiales de mi vida; pues al haberlas escuchado ya a cierta edad...es lo que tiene...
El tema que da título al álbum, o sea 'The man who sold the world' es una de esas canciones mágicas que simplemente pasarán a la historia de la música rock como una admirable composición setentera; a cargo eso sí del maestro David Bowie. De este tema de carácter más bien lento, me encanta toda su armonía y la melodía asociada a ella. Una preciosa canción perfectamente ejecutada. A destacar ese riff de guitarra eléctrica que por momentos parece monopolizarlo todo. Lo dicho, una admirable composición musical, que hasta da la sensación de no encajar demasiado con el estilo musical de Bowie.
El tema que abre el disco: 'The width of a circle' es una absoluta maravilla musical y es además el de mayor duración de todo el álbum, con sus 8:05 minutos; toda una delicia para los sentidos. Una pieza cuya estructura general presenta diversas variaciones, tanto en ritmos como en armonías. Una encantadora epifanía del autor puesta al servicio de los aficionados a la buena música.
'After all' es una balada muy bonita, con una mezcla de sonidos a cada cual más interesante (atención al hipnótico sonido del Moog modular). Carece esta canción de batería, sustentándose con apenas unas pocas percusiones. Para mí es una preciosidad de canción; de las mejores del álbum.
'Black country rock' Me encanta por su deliciosa armonía, con sus riffs de guitarra eléctrica y también por la línea del bajo. Siendo la guitarra eléctrica protagonista casi absoluta del tema. Otro aspecto a destacar es la pista vocal, en la que David realiza ciertos giros melódicos bastante chulos.
El álbum fue producido por el bajista y productor británico Toni Visconti; quien se encargó de tocar el bajo, el piano y la guitarra; aparte de participar conjuntamente en los procesos de composición en casi todos los temas del disco. Mick Ronson fue el guitarrista principal y también colaboró en la mayoría de los arreglos junto al propio productor Toni Visconti.
Y ya para rematar aspectos técnicos, decir que el propio David Bowie manejó/tocó en este álbum un aparato musical de nombre Dubreq Stylophone. De aspecto al de un pequeño juguete para niños, compuesto por un teclado analógico de bolsillo que funciona con un lápiz óptico. Fue utilizado por artistas como John Lennon o la banda alemana Kraftwerk. En la Wikipedia podréis encontrar más información; leedla, es interesante y educativa a nivel histórico-musical.